1. El dominio de la luz

Un cadáver domina la arquitectura, el cadáver de la luz. Todos los poderes de la comunidad se han unido para la defensa de este dominio: arquitectos famosos y anónimos, profesores de la universidad y grandes maestros, críticos de arte y jueces de concursos, fotógrafos y dibujantes. Todos conocen una única consigna: ¡luz, luz, luz!

A quien todavía no se haya olvidado de pensar, no le resultará difícil darse cuenta de la inconsistencia de una posición semejante. Pues la arquitectura dominada por la luz no está pasando por una crisis temporal, sino que está llegando a sus límites absolutos.

¡La arquitectura es luz! Esta cínica fórmula todavía es válida, y hoy en día incluso más, en la mayoría de nuestras escuelas de arquitectura, donde se adoctrinan a los jóvenes pupilos bajo estos mandamientos casi religiosos derivados del movimiento moderno. Desde que Le Corbusier pregonara su famosa definición de arquitectura como “el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz” los arquitectos nos hemos limitado a darle la mayor de las importancias, a menudo dándole la exclusiva, despreciando los demás sentidos y dejando la arquitectura casi como algo puramente visual.

El trasfondo de este triste mensaje es inequívoco: el que a pesar de todo no consiga la gracia de la luz, tendrá él mismo la culpa, y se le podrá prescribir y expulsar sin problemas de conciencia.

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2. El apartheid

Una comunidad arquitectónica centrada en la abstracción irracional a la luz desarrolla necesariamente una tendencia al apartheid, cuando el éxito en las nuevas formas de iluminar se vuelve más una excepción que la regla y, a menudo, estas llevan tácitamente una más que paladina falta de interés. Sólo se reconoce como arquitecto al que pertenece a la hermandad de los sardónicos vencedores de la supremacía de la luz. Todos los recursos de los jóvenes talentos del planeta se destinan a la causa, con toda naturalidad, en nombre de la genuina arquitectura contemporánea.

A los arquitectos que siguen caminos algo distintos, apostando por darle más importancia a otros aspectos en sus proyectos, se les alimenta con los desechos arquitectónicos que carecen de interés para los grandes sabios, se les niega los premios y el reconocimiento o se les rechaza la entrada en los concursos. A pesar de los reconocidos intentos por parte de algunos artistas en los años 1960 y 1970 para introducir otros sentidos en su concepción artística, la comunidad arquitectónica ha permanecido encerrada entre los bíblicos textos de la modernidad, y sigue usando los mismos argumentos que hace ya casi un siglo a la hora de tratar estos aspectos visuales. Los brutalistas y sus descendientes tenían muy claro que la arquitectura sin luz no es arquitectura.

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3. Agudización y desmentido de la religión de la luz

El nuevo culto de lo táctil, con el que la arquitectura reacciona a la muerte de su ídolo, es la continuación lógica y el capítulo final de una larga historia. Desde los días de la Reforma, todas las fuerzas pilares de la modernización de la arquitectura han predicado la santidad de la luz. Sobre todo en los últimos 100 años, todas las teorías arquitectónicas y corrientes proyectuales han estado prácticamente poseídas por la idea de luz. Clasicistas y modernos, racionalistas y deconstructivistas se han combatido a muerte; pero a pesar de toda esta hostilidad mortal, han adorado siempre al ídolo de la luz.

Hoy en día la realidad misma de la arquitectura desmiente ese dogma. Las teorías aceptadas y promulgadas por los pastores encargados de adoctrinar a los futuros seguidores de la luz han llegado a una contradicción difícil de solucionar, con lo que se ha decidido disimular con el burdo parche de “lo táctil”. Por un lado, se afirma que la arquitectura, según su supuesta naturaleza, es luz. Aún así, esas mismas aceptaciones coinciden en situar los orígenes de la arquitectura en la cueva. ¿Como se puede afirmar al mismo tiempo que la naturaleza de la arquitectura es la luz y que sus orígenes se remontan a la cueva, cuando esta carece, la mayoría de veces, precisamente de este elemento?

Con la crisis de la arquitectura de la luz, pues, también ha quedado completamente en ridículo la afirmación de que la luz es una necesidad eterna, impuesta a la arquitectura por su propia naturaleza.

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Cuando se parlotea continuamente de motivación y creatividad lo único seguro es que no queda nada de ninguna de las dos, a no ser como autoengaño. Por eso la capacidad de autosugestionarse, de venderse a sí mismo y la simulación de competencia figuran hoy en día entre las virtudes más importantes de los arquitectos.

“La cueva era, en realidad, un elemento táctil” se dice ahora. “Existe un progresivo desplazamiento de lo visual hacia lo táctil en lo contemporaneidad” se comenta también. Pero eso no es más que una repetición o transformación de ideales y errores antiguos. Yo prefiero hablar del fin de la supremacía de la luz.

La supremacía de la luz se ha terminado.

La arquitectura no es luz.

La luz es solo una pequeña parte de la arquitectura.

Como arquitectos, debemos ser libres de negarla o darla.

La ausencia de luz, es también una opción válida.

Estudiantes, arquitectos, a las barricadas!

Saquemos nuestros lápices!

Si tenemos luz de sur, decidamos libremente que hacer con ella!

Aunque nos cueste perder un concurso!

Aunque nos cueste un suspenso!

Nuestra libertad vale mas que todo esto!

Todos los textos en cursiva son adaptaciones del “Manifiesto en contra del trabajo”  escrito por el grupo Krisis (Alemania)

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5 comentarios sobre “Manifiesto en contra de la supremacía de la luz

  1. El artículo es divertido y anectodico pero para nada pienso que se haya cometido un exceso de atención hacia el tema de la luz en la arquitectura. De hecho, creo que la luz es y siempre será el elemento mas trascendental de la arquitectura ya que sin luz no puede haber arquitectura. El reto de un arquitecto, y lo que diferencia si un arquitecto es bueno, normal, malo o genial, es como se consigue tratar la luz en nuestros edificios. Es trascendental!

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  2. Me parece vergonzoso utilizar palabras como apartheid para un tema tan vulgar y superfluo. La palabra apartheid es una palabra delicada y que trae muchos malos recuerdos a algunas personas que ellos o sus familiares lo han pasado muy mal por culpa de cosas como estas. Para mi, aparte de la temática del artículo, que encuentro interesante y divertida, creo que el uso de estas palabras de forma banal es insensible y se debería evitar. Saludos y gracias.

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    1. Hola Idoia! En primer lugar agradecerte tu comentario y en segundo lugar pedirte disculpas a ti y a todas las personas que se puedan haber sentido ofendidas por este tema. La verdad es que no nos habíamos percatado de la posibilidad de ofender a nadie y accedimos a publicar el artículo ya que, en nuestra opinión, el enfoque global del escrito es irónico y sarcástico (aunque tenga un mensaje de trasfondo) y, por tanto, todas las referencias que se hacen son bajo este paraguas que es y debería ser la burla y la ironía (siempre bajo nuestro punto de vista). Aun así, queremos disculparnos por si a alguien no le han gustado o no ha entendido así las referencias publicadas aquí. Saludos!

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    2. Yo creo que se están sacando las cosas de quicio. En mi opinión este es un artículo donde se hace uso de la ironía desde su mismo planteamiento ya que se hace una especie de copia del manifiesto en contra del trabajo escrito por el grupo KRISIS solo para que hagamos una reflexión acerca de si le estamos dando demasiada importancia al tema de la luz o de iluminar siempre de forma automática nuestros edificios, y mas ahora que se están escuchando algunos discursos que hablan de “lo táctil”. Por tanto las referencias que se hacen forman parte de la broma, sino aquí podríamos empezar a sentirnos ofendidos todo el mundo!

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  3. Interesante planteamiento, discrepo de concepciones tales como “sin luz no hay arquitectura” pues Kahn precisamente establecía que las sombras son aquellas que le dan vida a la luz; en este sentido el “juego sabio de volúmenes bajo la luz…” es arquitectura hecha para el sentido de la vista pero alejada quizás de lo formal sensorial. Gracias.

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